LA VIBRACIÓN (parte II)

Ya conocemos por la entrada de “La vibración (I)” las cualidades de la vibración, y de qué manera podemos con nuestro cuerpo y nuestra mente, interactuar con nuestro entorno, utilizando como herramienta la vibración, ya que es una cualidad física más de la naturaleza, como por ejemplo el calor o la presión. Por medio de energía electromagnética que generamos sobretodo desde nuestros órganos cerebro y corazón, tenemos la capacidad de transformar literalmente todo lo que nos rodea. Realmente es desde cada una de nuestras células que emitimos vibración, pero nos centraremos como los dos grandes motores, en el cerebro y el corazón.

En esta entrada explicaremos con la mayor claridad posible y sin entrar en términos de física académica, qué debe ocurrir para que ocurran unos tipos de efectos u otros, dependiendo del tipo de vibración que emanemos. En cuanto a teórica pura, el mecanismo que hace que este proceso se produzca es profundo y complejo, pero lo vamos a traducir de una manera sencilla y entendible. Todo radica en nuestro estado de ánimo, o lo que es lo mismo, la mezcla de lo que pensamos con lo que sentimos, tomando más protagonismo nuestras emociones. Así nos sentimos, así vibramos. A grandes rasgos se trata sencillamente de esto, ya que nuestro cuerpo vibra dependiendo de como nos encontremos psíquica y emocionalmente.

Muchos autores explican que el tipo de vibración puede ser alto, para denominar a las vibraciones positivas, o bajo, para el caso de vibraciones negativas. De esta manera, se comenta que cuanto más alto, más positivo, y más poderosa es la vibración, es decir, que más poder de atracción hacia nosotros tiene. Visto así parece fácil de entender, ya que es muy gráfico, y simula como una especie de termómetro, donde los grados positivos de temperatura son el calor (y en nuestro “termómetro de vibración” serían vibraciones altas), y los grados negativos son el frío (en nuestro termómetro particular serían las vibraciones bajas). Visto así, y desde un ponto de vista teórico, un estado de vibración de -3, tendría menos poder de atracción que +6 ¿verdad?. Entonces, ¿por qué una persona que se siente con un grado de alegría -3 (más bien poca alegría), puede tener más poder de atracción, y así atraer cada vez más penurias que otra con un +6, a la que deberían llegarle cada vez más cosas buenas? No es un ejemplo aislado, esto ocurre cada día. Lo que falla en esta medición de nuestro termómetro de vibración, es la intensidad con la que vibramos, independientemente de si la propia vibración es positiva o negativa.

De esta manera, en momentos o épocas de tristeza, rencor, ansiedad, frustración, desesperación, etc, lo cual podemos etiquetar como estados de ánimo bajos, es muy posible que si no cambiamos estas actitudes, siempre atraigamos más de lo mismo, ya que estamos sumergidos en pensamientos y emociones que nos hacen vibrar negativamente, y por lo tanto atraer, más de lo mismo. Pero dentro de esta nube negra que nos cubre, puede que lo que nos ocurra, aún siendo negativo, no sea devastador, sino que se creen situaciones desagradables, pero soportables. Que la situación empeore depende de la intensidad con la que vibremos, y así, contra más atracción produzcamos, más rápido ocurrirán las cosas malas. De igual manera con las buenas emociones, gracias a las cuales nos ocurren cosas buenas una tras otra, si sabemos cómo, tal y como explicaremos en futuras entradas. Para seguir explicando con un ejemplo: una persona la cual en la mayoría del tiempo de sus días se encuentra de buen humor, optimista, seguro, y en definitiva feliz. Muy posiblemente le ocurrirán muchas más cosas buenas que malas, pero por muy feliz que sea (por mucho que vibre alto), puede que esas cosas buenas que tienen que llegar, no sean precisamente instantáneas, o no son exactamente como esa persona tenía en mente. Se tratará de un caso en el que falte la intensidad con la que vibre.

Solventaremos en este caso el problema aplicando más intensidad con lo que podemos denominar intención. La intención es a la par de importante que el estado de ánimo, ya que es el concepto que hará que aquello que atraemos se materialice con más demora o más inmediatez, o también decidirá si es más concreto, o solamente se parece a grandes rasgos.

En resumen, no solamente tenemos que tener en cuenta como pensemos y como son sintamos (atracción de cosas positivas o negativas), sino que tenemos que incluir la intención en aquello en lo que estemos concentrados, para que la atracción sea más débil o poderosa.

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