COMIENZA LA TRANSFORMACIÓN

No podemos cambiar nuestro interior, esperando a que cambie primero el exterior (nuestro entorno y vida en general que nos rodea). Hasta ahora ha existido tanto fracaso a la hora de alcanzar nuestros sueños porque hemos estado trabajando totalmente al revés. Es primero el interior el que cambia (emociones, formas de expresarnos, nuevas y mejores creencias, energía positiva, etc.). Posteriormente y gracias a la vibración que desprendemos, es el entorno el que cambia. No podemos esperar a tener cerca algo o a alguien para que podamos ser más felices, o mejores personas. Es al contrario: cambiaremos nosotros, y luego veremos como de forma prácticamente mágica, todo lo demás actúa en consonancia.

Somos lo que creemos, y todo nuestro entorno cambia si cambiamos nuestro interior primero. Al principio parece que estamos hablando de un cuento para niños, o una metáfora. Nada de eso, lo que explico es tan real y tangible, como que respiramos. Somos totalmente capaces y de hecho, diseñados, para cambiar nuestra vida a nuestro antojo, solamente cambiando nuestra forma de vibrar y de enfocar nuestros pensamientos y emociones. No vemos el mundo que es, sino el mundo que somos.

Volviendo a la cuestión de la preparación anímica antes de comenzar cualquier proceso de creación, a parte de las creencias limitantes, prejuicios, y demás elementos distorsionadores, existe un factor más que debemos tener sólido, ya que también forma parte del paso previo a la creación voluntaria y positiva. Se trata de la seguridad.

La seguridad es aquella sensación que nos dice que el proceso que vamos a llevar a cabo va a salir tal y como deseamos, o al menos lo más parecido posible. Existe un enemigo directo de a la seguridad que debemos tener para llevar nuestros deseos a buen puerto, que es el apego. Si nos aferramos a que tal cosa o tal otra tiene que suceder de una manera en concreto, y no nos lo acabamos de creer, tendemos a estar siempre con sensación de inquietud e impaciencia incluso. Traducido en vibración, estamos emitiendo un sentimiento de inseguridad de que algo no va a salir bien. El hecho de no permitirnos el relajarnos y dejar que todo salga tal y como tenemos pensado, es el apego. Debemos fluir y actuar de forma que tengamos la certeza absoluta de que el resultado será el esperado. de otra manera, vibraremos negativamente.

La seguridad va ligada íntimamente también con el miedo y la autoestima. De los dos, vamos a eliminar directamente la autoestima, por un motivo básico: no existe. La autoestima no existe como tal, porque es una redundancia. Decir que una persona tiene autoestima es como decir que una mano tiene cinco dedos. Autoestima significa quererse a uno mismo, con lo cual es absurdo pensar que la autoestima es un atributo que podemos tener o no. ¿Quién no se quiere? Es algo intrínseco en nosotros mismos, y no podemos no querernos. De lo contrario no existiríamos, porque no se puede vivir sin quererse. Cierto es que confundimos tener o no tener autoestima con sentirnos frustrados o defraudados con algo que hayamos hecho, con el consecuente disgusto por nosotros mismos, pero… nunca no querernos. ¿Acaso hemos dejado de querer a alguien por habernos fallado, o haber hecho algo que no nos parece correcto? Pues exactamente lo mismo con nosotros mismos. Creo que la autoestima es un concepto que se nos ha inculcado en nuestra mente desde tiempos tempranos en nuestra vida, para hacernos creer a nosotros mismos que somos más o menos que otras personas, o incluso bajo valoraciones negativas, que no somos suficientes para esto o para aquello. Es absurdo no quererse y no valorarse. Nadie es nadie para decirle a otra persona si es válida o no, como si se tratase de poner nota. Solamente nosotros mismos tenemos el poder de valorarnos para bien o para mal, y nadie, por muy bien que crea conocernos, tiene el más mínimo derecho a ponernos nota, como se de un examen se tratase.

El otro concepto que es el miedo, forma parte de ese conjunto de emociones que no podemos eliminar, porque forman parte natural de nuestra existencia, pero sí que podemos reprimirla y arrinconarla para que no moleste. Cuantas cosas nos hemos perdido por tener miedo. Para combatir el mal existe el bien y para este caso se cumple la misma ley. Debemos hacer frente al miedo con felicidad y amor. Miedo jamás, en todo caso precaución. El miedo paraliza, bloquea, anula nuestra mente… es el peor de los sentimientos, y por consecuencia, la peor de las vibraciones. Es incluso peor que la ira, ya que el miedo te congela y te impide reaccionar ante cualquier situación. Además es un veneno muy eficaz, ya que cuando alguien ha sufrido una situación de miedo, terror, etc, no pasa sin más. Se queda parte de esa situación en nosotros, y nos atormenta cada vez que aparece una situación similar a la vivida, anulándonos como en la primera vez.

Para comenzar a vencerlo podemos recurrir a diferentes estrategias. Una de ellas, es utilizando la palabra, como hemos comentado en otra entrada de este blog. La forma de palabra puede ser perfectamente pensada simplemente, y convertir todas las frases donde hasta ahora pondríamos la palabra miedo, en otras frases donde esa palabra sea más fiel a lo que realmente sentimos, sin engaños para nuestro cerebro, ni quitando valor a la situación, solamente buscando un sinónimo que no sea miedo. Por ejemplo en vez de decir o pensar “que miedo me da ir solo por la noche” diremos “me da bastante respeto ir solo”. Cada uno puede ir haciendo su lista de forma mental o escrita, de todas las cosas por las que siente “miedo”, y cambiar esa palabra por otra que no cambie el significado de la frase, pero que elimine esa sensación que nos provoca la situación que imaginamos.

Otra manera efectiva de combatir al miedo es a través de la felicidad, ya que a mi modo de ver las cosas, es su oponente directo. Toda persona feliz, entre otras muchas cosas, se caracteriza por no tener miedo, más allá de no sentir ira, rencor, envidia, etc. El miedo no tiene lugar cuando hay felicidad, o si lo tiene, es microscópico. Cuando hay alegría y felicidad, siempre todo va acompañado de una fuerza increíble para seguir adelante, aportándonos una motivación que ni nosotros nos creemos. Todo esto está muy lejos del efecto devastador del miedo, que nos lleva justo al lado opuesto, donde todo es anulación y bloqueo.

En conclusión, ya podemos ir despidiéndonos de la autoestima (y por supuesto de la baja autoestima), y  de los miedos, ya que debemos mirar con lupa muchas veces las situaciones en las que nos encontramos, y averiguar que emoción se nos despierta. Seguramente en casi todas encontraremos una mejor alternativa que la palabra miedo. Por otra parte, y de hecho lo más importante, debemos procurar estar siempre felices, y así hacer frente a cualquier vibración negativa.

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