¡NO BAJES LA GUARDIA!

Es cierto que la situación más normal en la que nos podemos encontrar, en cuanto a manifestación en general, es en la que todavía no tenemos lo que deseamos tener, o todavía no ha ocurrido lo que estamos esperando que suceda algún día. Es por ello que en estos casos, el reto consiste en vivir la situación deseada, pese a que no se ha materializado todavía. Esto hace que tengamos que hacer caso omiso a lo vivido en la actualidad, y centrarnos en un estado de consciencia acorde a lo que esperamos que pase, lo cual es bien difícil, ya que hay que ignorar aquello que tienes justo delante.

El tema que quiero tratar hoy tiene que ver con lo comentado en el párrafo anterior, pero justo el sentido opuesto. Sobre lo comentado anteriormente es en lo que más se centran todas las teorías sobre manifestación de lo deseado, ya que lo más normal es comenzar sin vivir lo que se quiere, y posteriormente ingeniárselas para que aquello deseado tome forma tangible.

La situación que quiero tratar hoy es justo lo contrario, es decir, qué hacer y qué no hacer cuando ya nos encontramos viviendo nuestro objetivo cumplido. Lo que no hay que hacer es centrar la atención en la sospecha de que el deseo cumplido algún día acabará. La duda siempre hará que se desmorone aquello ya cumplido. No hablemos por supuesto del miedo, la peor de las emociones, ya que las consecuencias son directamente proporcionales en cuanto a negativo. Estar viviendo un sueño cumplido pero de manera intranquila y con temor, no dará ningún buen fruto.

Recordemos que una de los puntos claves para manifestar, es sentir la emoción que sentiríamos al alcanzar lo deseado. Lo mismo ocurre una vez cumplido el deseo. Nuestros pensamientos y emociones deben ir en coherencia con lo que estamos viviendo, sino con casi total probabilidad, el escenario que acabaremos viviendo será el que nuestras emociones indiquen, no nuestro deseo o lo que queramos imaginar. De nada sirve estar viviendo un sueño hecho realidad, si ello nos provoca miedo o desconfianza.

Foto de Kat Jayne en Pexels.com

Si una emoción negativa, mínimamente mantenida puede hacer que se desmonte lo logrado, utilizaremos el mismo sistema para prolongar la situación deseada, con emociones que estén a la altura del miedo, la desconfianza, la duda, la sospecha, o cualquiera de vibración similar. Nuestras aliadas serán las emociones de merecimiento y agradecimiento.

En primer lugar merecimiento por lo conseguido, ya que tendremos que tener muy presente que aquello que ha venido a nuestras vidas, no ha sido regalado al azar, o cuestión de caprichosa suerte, sino producto de un trabajo de alineación de mente, emoción, palabra y acción por nuestra parte, con el esfuerzo que ello conlleva, por lo que nadie nos ha regalado nada. Es más, si aquello deseado ya se encuentra en nuestra vida, es porque así ha debido ser, y no le debemos nada a nadie.

Es también una cuestión de respeto a nosotros mismos, ya que si no nos aceptamos como creadores, difícilmente vamos a recoger con merecimiento aquello en lo que hemos trabajado para que se manifieste en nuestra vida.

La segunda emoción con la que combatiremos las emociones inconvenientes, será la de gratitud, ya que agradeciendo aquello que tenemos, es como se consolida y se solidifica más todavía. Si agradeciendo lo deseado cuando no lo teníamos, es como se acelera el proceso, imagínate que poder tendrá cuando ya estamos disfrutando lo que queríamos que pasara. Agradecer “por anticipado” es muy poderoso, pero más todavía es hacerlo con lo que tienes justo delante. La intención se magnifica más, ya que hasta tu ego es incapaz de negarlo por tratarse de algo ya tangible, y no podrá ni tan siquiera sabotearte, porque ya está cumplido.

En definitiva, hay que prestar atención a aquello que se piensa, y sobretodo a lo que se siente, incluso cuando ya estás viviendo la vida que hace tiempo solamente soñabas. Ten cuidado con caer en la desconfianza ante lo que tengas ante tus ojos, o ante el miedo a que todo acabe, porque eso es lo que marcará tu rumbo, y todo el trabajo que hayas hecho para conseguirlo, no habrá servido para nada. Trata de entrenarte en el merecimiento y en el agradecimiento, pese a haber alcanzado la cima que un día planeaste coronar. Es lo que reforzará más aún el estado de consciencia necesario para prolongar lo que estás viviendo.

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