APRENDIENDO DE LA ESPERA

Vivimos en un mundo en el que la inmediatez está al orden del día. Con tanta tecnología, velocidad descomunal de información, paquetería más que urgente, y un afán competitivo por ofrecer el mejor servicio en el menor tiempo posible, nos hemos acostumbrado a que las cosas sucedan en un “ya”, y esperar algún segundo que otro, nos parece casi un insulto.

Nos pasa a personas de generaciones que hemos vivido en lo analógico, así que con más razón le pasará a muchísimas personas, que ya han nacido en esta era de velocidad y automatismos y no han conocido otra cosa.

A la hora de esperar que algo que esperas que suceda a nivel de materialización, dependiendo de con qué frecuencia estés emitiendo tu petición de lo deseado, puede que su aparición en tu vida tarde más o tarde menos. Si se da el caso en el que esa materialización es prácticamente inmediata, no hay nada que aportar. En caso contrario, si aquello en lo que estás “trabajando” a nivel de atracción consciente, tarda más de lo que desearías, esa espera puede ser un problema con el que no contabas, más allá de un trámite dentro del proceso de creación.

Esa espera, si no se mira sin juicio ni valorándola como negativa, genera cierta ansiedad, que va creciendo con el tiempo. Esto quiere decir que la idea inicial de que algo no sucede en el momento esperado, va dando paso a la emoción de ansiedad y desespero, lo cual va ganando fuerza conforme no aparece lo deseado.

Esa impaciencia en mayor o menor intensidad, genera en la misma proporción, tensión que incluso se puede hacer consciente a nivel físico, provocando contracciones musculares y nerviosismo en general. Esa tensión es totalmente contraria al necesario desapego que deber ser incluido en la fórmula que utilizamos para que la Ley de la atracción opere a nuestra voluntad.

Resumiendo, la impaciencia genera ansiedad, que a su vez genera tensión, lo cual es contrario al desapego necesario para que la vida nos dé lo que queremos.

Además, como más puntos negativos a tener en cuenta, el hecho de estar pendiente de que ocurra lo que esperamos, hace que pasemos por alto lo que está sucediendo a cada momento en nuestra vida. Todo lo que nos estamos perdiendo puede ser de dos naturalezas:

  • Un regalo de igual valor, o incluso mayor, que lo que estamos buscando. El hecho de centrarnos y obcecarnos en lo que queremos, hace que no veamos nada más que eso, y pasamos por alto lo que está sucediendo delante de nosotros sin valorarlo para nada. Esto no significa que tengamos que quedarnos con este nuevo resultado, porque es lo que se nos ha cruzado en el camino. Para nada. Quiere decir que hay que valorar lo que nos está sucediendo, para así darle un nuevo enfoque a la fatigosa espera, y de esa manera nuestra frecuencia vibratoria no cambia hacia inconveniente, y así la confianza y el desapego permanecen intactos, sin tensiones ni nerviosismo.
  • Nos podemos estar perdiendo la aparición literal de cuál es nuestro fallo. En el momento de seguir los pasos de co-creación (pensamiento, emoción, palabra y acción), puede que haya habido una desalineación de estos elementos, o algún tipo de incoherencia. Cualquier “fallo” se hará evidente en el mundo material, y podremos ver dónde se encuentra, siempre que estemos atentos. En el caso en el que estemos solamente pendientes de que lo que realmente queremos no llega, no podremos atender a aquello que corresponde al fallo.

Esperar con impaciencia significa que no confiamos en el poder de la vida para darnos lo que queremos. Es más, nunca seremos lo suficiente poderosos como para saber cuando es el momento idóneo. Sólo la vida sabe cómo unir las piezas para que todo ocurra cuando mejor nos convenga. Nuestro afán de controlar es el encargado de que en numerosas ocasiones, nos ocurra lo contrario a lo deseado.

Controlar es contrario a confiar, y confiar es sinónimo de desapego. Todo el tiempo estoy girando alrededor del desapego porque es pieza clave, y a la que no se le da la importancia que merece. El esperar con tensión o desconfianza, hace que los sueños no se cumplan, porque a nivel emocional lo que estamos diciendo es: “¡No aparezcas!” ¿Y qué dice el genio de la lámpara?: “Tus deseos son órdenes”

Para aprender a confiar, podemos plantearnos la situación de dos maneras:

  • Aprender a relajarnos y tratar de estar seguros de que lo que queremos llegará
  • Aprender a des-responsabilizarnos de la aparición de nuestro deseo. Nuestra parte ya la hemos hecho, que es visualizar con detalle lo que queremos, sentir la emoción presente acorde a que lo que queremos ya lo tenemos, y expresarnos y actuar en la misma coherencia. Lo que ocurra a partir de ahí es trabajo de la vida (el Universo, Dios, Ser superior, etc.). Es por ello que el proceso se llama co-creación, ya que creamos nosotros desde nuestra naturaleza humana y limitada, en cooperación con esa otra fuerza inconmensurable.

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