LA MALA COSTUMBRE DE DIVIDIR

En los tiempos que vivimos, llenos de exigencias y “cosas que hacer”, como si cada día tuviéramos que acabar con todas las tareas del mundo, nos hemos acostumbrado, no solamente a que tenemos que ser los números uno en todo lo que hacemos, sino además, tener nuestro tiempo partido en más que numerosas “áreas”.

Con estas áreas me refiero a todos los papeles que desempeñas, como si se tratara de diferentes personajes que interpretas, dependiendo de la situación en la que te encuentras: trabajo, familia, ocio, deporte, etc.

En cada una de estas facetas encontrarás que existe diferencia en cuanto a “rendimiento”, ya que se te darán mejor unas que otras, e incluso que existen en cada una de estos ámbitos problemas de distintas naturalezas. Que seas mejor o peor en un área que otra, tiene que ver con tus habilidades, el empeño que pongas, el tiempo que puedas dedicarle, etc. En esto no tengo mucho más que aportar.

El misterio aparece, y es el motivo de este post, cuando aparecen obstáculos y problemas de cualquier tipo. Una vez que intentamos ocuparnos de ellos, solemos hacerlo haciendo uso de las herramientas del mismo área en cuestión, y buscando la causa a tal problema dentro de esa misma “parcela” de nuestra vida. Por ejemplo, si se trata de un contratiempo laboral, buscaremos la causa de ese problema dentro de lo que haya acontecido en el ámbito puramente laboral, sin plantearnos que habría que buscar también en algo que haya ocurrido con nuestra pareja, por ejemplo.

Lo cierto es que en muchas ocasiones hay que ver las cosas con una perspectiva más amplia, ya que la vida no está fragmentada por naturaleza. Somos nosotros, las personas, quienes hemos dividido nuestras experiencias en parcelas para poder comprender mejor cada cosa que nos pasa. La vida es un entramado general de acontecimientos, los cuales se enredan entre ellos, haciendo que todo tenga que ver con todo.

En vez de ver un trazo de un cuadro desde unos pocos centímetros de distancia, deberíamos ser capaces de retroceder unos cuantos pasos, y así ver el cuadro en general. Lo que nos ocurre en cada instante, no es algo que esté confinado dentro de unos límites que nosotros hemos creado para su mejor comprensión (comprensión puramente lógica).

¿Por qué existe un entramado que une todo con todo y no hay nada dividido por parcelas? Porque la persona encargada de crear todo lo que le ocurre, está presente en todas esas aparentes divisiones. Esa persona no es nadie más que tú, y como tú eres artífice y protagonista de todo cuanto te pasa, todo lo aparentemente separado en tu vida, se entrelaza a través de ti, que eres el punto de unión de todas esas divisiones. Por lo tanto, no hay divisiones como tal.

Atendiendo a esto, tiene más sentido el hecho de que un problema en una de las “áreas” de nuestra vida, puede perfectamente tener origen en otra de las áreas, y por lo tanto solución también en algo que pertenezca a esa otra área. Dicho de otra manera, y repitiendo de nuevo, no hay áreas, ni parcelas, ni divisiones. Todo eres tú, y toda tu vida es una sola.

Si hasta para jugar un partido con tus amigos, eres enfermizamente competitivo/a, quizá el origen está en la carencia de valor que existe porque tus padres, amigos de la niñez, o tus parejas no te valoraban lo suficiente. Si en lo laboral, eres incapaz de enfrentarte a cambios y nuevos retos, quizá el problema se haya creado por haber vivido en un ambiente familiar prácticamente inmutable y rutinario, o demasiado acomodado.

En definitiva, intenta en la mayor medida posible, conocerte a fondo. De esta manera, aparecerán las menos sorpresas posibles ante cualquier obstáculo. No es que no tengan que aparecer, pero sabrás afrontarlos con más rapidez y solvencia, ya que casi sin esfuerzo sabrás seguir el rastro del origen del problema, sea de la naturaleza que sea.

2 comentarios en “LA MALA COSTUMBRE DE DIVIDIR

  1. Muy buen aporte! Siempre tratamos de buscar la causa del problema en el mismo lugar donde se presenta pero es muy sierto que podemos echar un vistazo a nuestra vida completa, sierto porque somo personas de hábitos y si en algo andamos mal, es muy probable que sea causa de otra cosa. Porque como hacemos una cosa las hacemos todas.

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